martes, 31 de marzo de 2026

Diseño de Puestos de Trabajo Neurodivergentes: Una Perspectiva desde la Prevención de Riesgos y la Salud Ocupacional.


Una Perspectiva desde la Prevención de Riesgos y la Salud Ocupacional.

La Neurodivergencia como variable en la Seguridad Laboral

Actualmente, las neurodivergencias (que representan entre el 15% y el 20% de la población mundial) han dejado de ser algo opcional al momento de realizar adecuaciones, y se han transformado en una variable crítica en la gestión de riesgos ocupacionales. Desde la óptica de la prevención técnica de riesgos laborales, es de suma importancia reconocer que las discapacidades asociadas a la neurodivergencia en contextos labores, muchas veces pasan específicamente por el “no puedo”.  Pero es importante entender, que esto no reside en el individuo, sino que emergen de la relación entre un cuerpo (personas) y un entorno laboral mal diseñado.

Bajo el paraguas conceptual de la Neurodiversidad, encontramos una variabilidad biológica natural que se divide principalmente en:

  • Neurotípicos: Aquellos cuyo funcionamiento neurocognitivo se alinea con los estándares estadísticamente promedio.
  • Neurodivergentes: Individuos con condiciones del neurodesarrollo como el Trastorno/Condición del Espectro Autista (TEA /CEA), Trastorno por Déficit de Atención son o sin Hiperactividad (TDA/H), dislexia, discalculia, dispraxia y síndrome de Tourette.

Las neurodivergencias, deben lidiar en entornos laborales principalmente, con un factor de riesgo invisible y de alto impacto en la actualidad, llamado enmascaramiento (masking). Esta respuesta adaptativa agota los recursos cognitivos del trabajador al obligarlo a suprimir sus rasgos naturales para "encajar" en normas neurotípicas en los ambientes de trabajo. Este fenómeno es particularmente prevalente y perjudicial en mujeres, quienes históricamente han enfrentado un subdiagnóstico debido a sesgos de género y expectativas sociales y que estadísticamente realizan mayor enmascaramiento social que los hombres.

El enmascaramiento crónico drena la energía del individuo y es un precursor directo de riesgos psicosociales graves, lo cual no solo termina afectando al trabajador, si no que además puede llegar a exponer a todo un equipo de trabajo, o desarrollar patologías como Burnout, de causa laboral. La prevención efectiva, por tanto, comienza con la creación de entornos que eliminen la necesidad de esta compensación forzada, basándose en el cumplimiento de un marco legal robusto.

Marco Normativo y la Responsabilidad del Empleador en Chile

La gestión de la neuro inclusión en Chile no es una acción que nazca desde la opcionalidad, sino una obligación legal y estratégica que garantiza entornos laborales seguros y libres de discriminación. El marco legal vigente establece responsabilidades técnicas claras para los empleadores:

  • Ley N° 20.422 (Igualdad de Oportunidades): Prohíbe actos discriminatorios y condiciones de trabajo que mermen la labor de personas con discapacidad física, psíquica o intelectual.
  • Ley N° 21.690 (Protocolos de Inclusión): Introduce una obligación estratégica crítica; para el año 2025, las empresas deberán contar con un protocolo de ambientes laborales acordes a los parámetros de inclusión, el cual debe entregarse anualmente a los trabajadores.
  • Ley N° 21.545 (Conocida como Ley TEA): Garantiza la igualdad de oportunidades y la inclusión social de personas en el espectro autista, protegiendo además los derechos de los cuidadores.
  • Ley N° 21.643 (Conocida como Ley Karin): Obliga a prevenir el acoso laboral y la violencia con perspectiva de género, ampliando la definición de discriminación a cualquier motivo, incluyendo explícitamente la neurodivergencia.

Desde la Ingeniería en Prevención de Riesgos, el Decreto N° 44 coloca en la mesa la gestión preventiva con enfoque de género y además introduce un nuevo concepto: el de "personas trabajadoras especialmente sensibles". Esto obliga a los empleadores a identificar y mitigar riesgos específicos para perfiles neurodivergentes que presenten una sensibilidad importante a factores ambientales y sociales en los lugares de trabajo.

Gestión del Confort Ambiental: Mitigación de Estresores Sensoriales

El confort térmico, acústico y lumínico no es un lujo, sino un condicionante del rendimiento físico y que por consecuente afecta el desempeño del trabajador neurodivergente de manera directa, y es importante tomarlo encuenta, ya que de la inestabilidad del entorno físico proviene la sobrecarga sensorial y la ansiedad.

A continuación, una serie de propuestas asociadas a el Factor Ambiental y el Ajuste Sugerido:

Como herramienta preventiva de alto nivel, se recomienda el diseño de "Mapas de Riesgo Sensoriales", que pueden formar parte de los actuales mapas de riesgos, identificando en ellos las zonas protegidas de riesgos sensoriales. Estos instrumentos permiten visualizar zonas de alta reverberación, luz intensa o tránsito elevado, facilitando una asignación de puestos estratégica que considere el perfil sensorial del trabajador antes de que ocurra la exposición al riesgo.

En resumen, las adecuaciones a día de hoy, son una obligación por parte del empleador, y están respaldades por leyes y consideradas por la prevención de riesgos y la salud ocupacional. 

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lunes, 30 de marzo de 2026

Cuando mi forma de ser tuvo un nombre



Toda la vida sentí que no encajaba y que, por ende, algo estaba mal en mí.

Desde niña me costaban cosas que a otros no, como adaptarme a pequeños cambios: sentarme en un puesto diferente a la hora de comer o acostumbrarme a la ropa al usarla. Siempre me costó socializar. Nunca logré establecer vínculos sanos y duraderos y, en general, me llevaba mejor con adultos que con personas de mi edad. Recuerdo que conversar con el inspector Boris Barril, en la básica, y con la inspectora Rosa Cuevas, en la media, me entretenía mucho más que hablar con mis compañeros.

También recuerdo el primer día de kínder. Ya no estaba la tía Anita del jardín, con quien me sentía segura. Todo era nuevo, y mi reacción fue hacer una “pataleta”. Lloraba, lloraba, e incluso recuerdo haberle pegado a mis profesoras. Fue difícil adaptarme a ese cambio, y en esos años mi mamá empezó a llevarme a terapia por mis conductas.

Pasé por muchos psicólogos y psiquiatras. Me diagnosticaron déficit atencional e hiperactividad, pero la verdad nunca me sentí identificada con las características del TDAH. Con el tiempo le perdí el sentido a seguir yendo a terapia y lo dejé, porque sentía que ninguna realmente estaba siendo efectiva para “mejorar” mi comportamiento.

Los años pasaron y esas conductas siguieron acompañándome. Incluso se sumaron otras: intolerancia al calor, a la luz intensa, a ciertos ruidos, y también episodios de obsesión con temas en específico. La diferencia fue que, con el tiempo, empecé a llevarme mejor con ellas. Creo que, por un lado, aprendí a convivir con estas formas de ser; y por otro, tuve el privilegio de crecer con una mamá que siempre me hizo sentir que estaba bien ser como yo era, incluso sin entenderme del todo muchas veces.

En el liceo tuve mi primer acercamiento al diagnóstico. Recuerdo que estaban hablando del Asperger en televisión y mi mamá buscó los síntomas en internet. Junto a mi hermana los leyeron, y muchas de mis conductas empezaron a hacer sentido. Sin embargo, el concepto estaba tan cargado de prejuicios que me molestó cuando me trataron de “autista”. Me negué rotundamente a aceptar esa posibilidad.

Pero mis conductas seguían ahí.

Cuando cambié de colegio en séptimo básico, ya no hice pataletas como en kínder ni reaccioné de forma explosiva, pero encontré otra manera de enfrentar el cambio. Mi mamá ponía Los Magníficos de RadioActiva todas las mañanas camino al colegio, y me gustó tanto que empecé a escuchar radio todo el día. Seguía sin conectar con mis pares, pero encontré un refugio. Uno que más adelante entendería como un hiperfoco.

Esa “adicción” por la radio me acompañó durante toda la media. Decidí que quería trabajar en ese mundo y estudiar periodismo. Cuando entré a la universidad, nuevamente me costó hacer amigos, pero me gustaba tanto la carrera que eso me permitió sostenerme. Además, me hice cercana al jefe de los estudios de radio, Pablo Fontena, quien me enseñó a ser radiocontrol y me acercó a mi meta de trabajar en radio.

A los 20 años, incluso antes de titularme, comencé una pasantía y luego mi primer reemplazo en Radio ADN. Postulé a un cargo sin saber exactamente qué función iba a desempeñar, pero sabía que implicaba trabajar en radio, y eso me bastaba. Era de radiocontrol.

Otra vez apareció la dificultad: no sabía bien cómo acercarme a las personas, cómo socializar, cuándo hablar o intervenir. Pero el trabajo era mecánico y estructurado, y eso me permitió desempeñarlo bien. Con el tiempo, me convertí en una de las pocas mujeres —y la única en ese momento en Prisa Media— en ejercer como radiocontrol.

Dos años más tarde, todo empezó a tomar otro sentido.

Llegué a Radio La Clave, también como radiocontrol, pero el contexto era distinto: más flexible, más dinámico, más demandante en adaptación y creatividad. Y ahí empecé a notar con más claridad mis dificultades. Un compañero notó mi rigidez y mi forma literal de interpretar instrucciones, y me preguntó si tenía algún diagnóstico. Esa pregunta quedó dando vueltas.

A los 22 años decidí volver a consultar. Fui a una psiquiatra, esta vez con otra disposición: no a “corregirme”, sino a entenderme. El término Asperger ya no se usaba como antes, pero el fondo era el mismo. La psiquiatra me confirmó que estaba dentro del espectro autista. Y, por primera vez, todo empezó a tener sentido.

Hoy entiendo que mi forma de ser no era un problema que había que corregir, sino una forma distinta de estar en el mundo.

El diagnóstico no me cambió, pero sí me dio un lenguaje para entenderme. Y aunque todavía estoy aprendiendo qué significa ser neurodivergente en mi día a día, hay algo que ya no cuestiono:

No es que no encajara… es que siempre estuve en otra sintonía.





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sábado, 28 de marzo de 2026

Los Orígenes de la Neurodivergencia



Bienvenidos a esta serie llamada "Origen y génesis del concepto de Neurodivergencia", (Parte I). En esta serie de 3 partes, queremos profundizar en los inicios, para poder tener un panorama claro con respecto a como surgió el término y cual es su implicancia hoy en dia, acompañanos en la historia del autismo, de la neurodivergencia, y también de todo un colectivo que se ha mantenido vivo gracias a una lucha constante por la visibilidad y coherencia.


El estudio del neurodesarrollo, ha tenido un avance y una historia digna de telenovela dentro del último siglo. Pasando desde el desconocimiento absoluto de ciertas condiciones, a regulaciones mundiales y cambios de paradigma en relación a como vemos las distintas expresiones de las condiciones y de la persona, y como afectan en su diario vivir. En el caso de la neurodivergencia, lo que se categorizó en su momento, como una forma de psicosis o esquizofrenia infantil, ha evolucionado hacia una visión totalmente distinta, en la que se reconoce la variabilidad cerebral no como un error de la naturaleza, sino como una característica intrínseca de la biodiversidad humana. Este articulo detalla la evolución histórica, clínica y conceptual de esta transformación, desglosando la génesis de términos que, aunque a menudo se confunden, poseen distinciones técnicas fundamentales para la práctica clínica y la comprensión social contemporánea.

Los Orígenes de la Neurodivergencia: 

El origen de la neurodivergencia, se sitúa en los albores de la psiquiatría moderna. A finales del siglo XIX y principios del XX, las manifestaciones del desarrollo, que afectaban a los niños eran raramente distinguidas de la discapacidad intelectual o de estados de "idiocia" (término peyorativo, usado por la medicina antigua para referirse a personas con incapacidad de hablar, con un CI entre 0 y 24 o una edad mental inferior a 3 años). Dentro de este hostil contexto, se documenta el primer perfil "autista", atribuido al médico John Langdon Down en 1887, que en ese momento, ya observaba retrasos cognitivos asociados a características que hoy identificaríamos dentro del espectro, aunque en aquel momento carecían de una estructura nosológica (descripción, definición y categorización) clara.


La palabra "autismo" surge no como un diagnóstico, sino como una palabra para describir algo nuevo. Fue acuñado en 1911 por el psiquiatra Eugen Bleuler en su monografía sobre la esquizofrenia, para describir un síntoma en específico: el repliegue del individuo sobre sí mismo y la pérdida de contacto con la realidad externa. Para Bleuler, el "autismus" representaba una manifestación de la psicosis en adultos, un síntoma de la fragmentación de la mente ocurrida en la esquizofrenia y no una trayectoria de desarrollo distinta, como se sabe hoy en día.

Durante las primeras décadas del siglo XX, las etiquetas diagnósticas de ese tiempo, reflejaban la confusión con respecto a la categorización actual. Niños que hoy consideraríamos neurodivergentes, en esos años eran diagnosticados con "dementia praecocissima" o "dementia infantilis", términos que implicaban una degeneración o una psicosis de infantil. La psiquiatría de la época no poseía las herramientas para diferenciar entre una ruptura con la realidad (psicosis) y una forma diferente de procesar y percibir dicha realidad (neurodivergencia), por lo que las ponía a ambas, dentro del mismo saco.

La Gran Ruptura con la Psicosis: Las Observaciones realizadas por Kanner y Asperger

Irrumpe en el mundo la Segunda Guerra Mundial y el panorama cambia de pies a cabeza con respecto al autismo. De manera independiente y casi simultánea, dos psiquiatras europeos, Leo Kanner en Baltimore y Hans Asperger en Viena, publicaron descripciones que separarían definitivamente al autismo del tronco común de la psicosis, aunque el peso de la tradición psiquiátrica tardaría décadas en asimilar este cambio. Debido a factores de la época como la rapidez de la difusión de información, el contexto de la Segunda Guerra Mundial, la dura estructura de la medicina para asimilar cambios, entre otros.

Leo Kanner publicó en 1943 un estudio, que realizó acerca de once niños que presentaban una "soledad autista extrema" y un "deseo obsesivo de rigidez". Kanner propuso que estos niños nacían con una "incapacidad innata para constituir el contacto afectivo habitual", sugiriendo por primera vez una base biológica y constitucional para el autismo, refiriendose directamente a que era una condición de nacimiento. Por otro lado, Hans Asperger describió en 1944 lo que llamó "psicopatía autista", refiriéndose a un grupo de niños con lenguaje fluido y capacidades intelectuales a menudo superiores, pero con marcadas dificultades en la interacción social y una gran torpeza motora. Describiendo lo que posiblemente era la intersección de personas autistas, con Altas Capacidades, como se conoce hoy en día. 

A pesar de estas observaciones, durante casi treinta años, no hubo mucho cambio en el mundo de la psiquiatría, y se siguió utilizando el término de psicosis infantil, esto debido al contexto histórico dominado por el psicoanálisis en Estados Unidos y la devastación de la posguerra en Europa.


Síguenos en la parte II, donde hablaremos del autismo desde la mirada de la Teoría Psicodinámica, y el camino hacia el DSM.


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Bienvenidos a Somos Dopamina



¡Bienvenidos! 

Somos Dopamina es un espacio que nace con la intención de acompañar, informar y dar voz a la salud mental y a la neurodivergencia desde una mirada humana, clara y honesta.

Este proyecto aparece, al realizar una intersección de objetivos mutuos de sus creadores, con la intención de que la información, y difusión de la misma, se transforme en un lugar de orientación, alivio y sobretodo claridad para las personas neurodivergentes o interesadas en la salud mental. Nuestra intención es construir un lugar donde podamos aportar con nuestro grano de arena, y avanzar hacia un autoconocimiento mayor. 

En Somos Dopamina escribiremos desde distintas experiencias y miradas complementarias, nuestro equipo está conformado por el Dr. Sebastián Apeleo Lobos, médico dedicado a la neurodivergencia; Estela Saure, periodista y editora del podcast Fuera de Sintonía, Fabián Adrover, psicólogo con experiencia en áreas hospitalarias, de adicciones, neurodivergencias y trabajos sociales, Javiera Sarmiento, psicologa con especialización de infanto-adulto, y neuropsicología del adulto-adulto mayor, y Diego Gonzalez, Experto en Prevención de riesgo, enfocado en salud mental y laboral. Todo nuestro equipo es neurodivergente. Cada uno aportará una perspectiva distinta, pero unida por un mismo propósito: acercar el conocimiento de una manera útil y seria a quienes lo necesitan.

Aquí encontrarás reflexiones, orientaciones, psicoeducación y contenido científico y de actualización, pensado para abrir conversaciones necesarias, derribar prejuicios y generar mayor comprensión.

Somos Dopamina no busca hablar sobre las personas neurodivergentes desde lejos, sino pensar con ellas, desde la experiencia, la clínica, la escucha y la palabra.

¡Gracias por leernos!

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