sábado, 29 de agosto de 2026

¿Talento brillante o sesgo invisible?

 

¿Talento brillante o sesgo invisible?

Cuando se habla de autismo en el mundo laboral, muchas veces aparecen dos extremos.

Por un lado, está la mirada centrada únicamente en las dificultades. Por otro, esa imagen casi de película del “genio incomprendido”: una persona extremadamente inteligente, obsesionada con un tema y capaz de hacer cosas extraordinarias.

Pero la realidad es bastante más amplia que eso. Las personas autistas son tan distintas entre sí como cualquier otro grupo de personas. Tienen diferentes habilidades, intereses, dificultades, formas de comunicarse y maneras de relacionarse con el entorno.

El problema aparece cuando las empresas siguen esperando que todos los trabajadores funcionen exactamente de la misma forma. Entrevistas llenas de preguntas ambiguas. Oficinas ruidosas. Reuniones eternas. Cambios de último minuto. Instrucciones poco claras. Evaluaciones donde muchas veces importa más “caer bien” que realmente saber hacer el trabajo. Y después nos preguntamos por qué tantas personas neurodivergentes quedan fuera del mercado laboral. Quizás el problema no está en las personas, quizás está en la forma en que seguimos diseñando el trabajo.

1. La paradoja del 80%: talento que simplemente estamos dejando fuera

Hay algo difícil de entender, las empresas hablan constantemente de talento, innovación, diversidad y nuevas formas de pensar, pero al mismo tiempo una enorme cantidad de personas autistas continúa desempleada o trabajando en puestos muy por debajo de sus capacidades. Algunas investigaciones sitúan el desempleo o subempleo de personas autistas entre un 76% y un 90% y detrás de ese número hay personas que estudiaron, se prepararon, desarrollaron habilidades y que muchas veces ni siquiera logran superar una entrevista laboral.

También existen dificultades que comienzan mucho antes de entrar al mundo del trabajo. Se han reportado tasas de abandono escolar cercanas al 43,2% en algunos estudios, bastante por sobre las observadas en la población general, a eso se suma otro problema: muchas personas neurodivergentes ni siquiera aparecen correctamente representadas en las estadísticas laborales.

Entonces tenemos una situación bastante absurda, por un lado, empresas diciendo que “no encuentran talento”. Por otro, personas con capacidades completamente aprovechables que siguen sin encontrar espacios donde puedan desarrollarse. Tal vez no estamos frente a una falta de talento, tal vez, tenemos procesos que solamente saben reconocer un tipo muy específico de persona.

2. El autismo también puede aportar una forma distinta de mirar los problemas

La inclusión laboral no debería entenderse como caridad. Tampoco como una campaña bonita para publicar durante el mes de la diversidad, incluir distintas formas de pensar puede tener un impacto real en cómo funcionan los equipos.

El informe Diversity Wins, de McKinsey & Company, mostró que las empresas con mayor diversidad tenían un 25% más de probabilidades de superar financieramente a otras organizaciones comparables. Eso no significa, por supuesto, que todas las personas autistas tengan determinadas habilidades, ese también sería un estereotipo.

Pero algunas personas pueden destacar por su capacidad de concentración, memoria, atención al detalle, reconocimiento de patrones, pensamiento lógico o una manera diferente de analizar los problemas, y justamente ahí está el valor de la neurodiversidad, no en asumir que una persona autista será automáticamente un “genio”, sino en entender que diferentes cerebros pueden aportar diferentes maneras de resolver una misma situación.

En innovación, tecnología, análisis de datos, procesos, investigación, diseño, control de calidad y muchas otras áreas, mirar un problema desde otro ángulo puede marcar una diferencia enorme. Como plantea Peter Loch, director de Fundación Wazú, incorporar personas autistas también permite construir equipos con perspectivas más amplias y diversas, pero para que eso ocurra, primero hay que permitirles entrar.

3. El Análisis del Puesto de Trabajo: entender el cargo antes de buscar a la persona

Aquí aparece algo que muchas empresas pasan por alto: el Análisis del Puesto de Trabajo (APT).

Suena bastante técnico, pero la idea es muy sencilla, antes de contratar a alguien, deberíamos entender de verdad cómo es ese trabajo, no solamente cuáles son sus funciones o su horario.

También habría que preguntarse:

  • ¿Qué nivel de concentración necesita?

  • ¿Hay mucho ruido?

  • ¿La iluminación es intensa?

  • ¿Hay interrupciones constantes?

  • ¿Las tareas cambian durante el día?

  • ¿Las instrucciones son claras o dependen mucho de conversaciones informales?

  • ¿Cuánto contacto social exige realmente el cargo?

  • ¿Hay reuniones frecuentes?

  • ¿Existen olores, luces u otros estímulos que puedan resultar molestos?

  • ¿Qué cosas del entorno podrían transformarse en una barrera?

Esto es especialmente importante cuando hablamos de inclusión laboral.

En Chile, además, la Ley 21.275 reforzó el rol del gestor o gestora de inclusión laboral dentro de las organizaciones y para incluir bien a una persona no basta con leer su currículum o mirar su diagnóstico.

Hay que entender a la persona y también entender el puesto, porque quizás alguien tiene todas las competencias técnicas necesarias para realizar perfectamente un trabajo, pero termina teniendo dificultades por algo tan simple como estar ocho horas bajo una luz intensa, trabajar en una oficina extremadamente ruidosa o recibir instrucciones que cambian constantemente, a veces el problema no es el cargo, es cómo está organizado.

4. Ajustes razonables: cambios pequeños que pueden hacer una diferencia enorme

Cuando se habla de ajustes razonables, algunas empresas inmediatamente piensan en grandes inversiones, modificaciones estructurales o procesos muy complejos. Pero muchas veces los cambios son muchísimo más simples.

Por ejemplo:

Reducir estímulos innecesarios.
Permitir audífonos con cancelación de ruido, utilizar una iluminación menos intensa o ubicar el puesto de trabajo en una zona más tranquila.

Dar instrucciones claras.
Evitar frases ambiguas como “hazlo cuando puedas” o “ve viendo este tema” y reemplazarlas por indicaciones concretas, idealmente también por escrito.

Avisar los cambios.
Si una reunión cambia de horario, una tarea se modifica o habrá una actividad diferente durante el día, anticiparlo puede ayudar muchísimo.

Dar cierta flexibilidad.
Dependiendo del cargo, el teletrabajo, un sistema híbrido, horarios flexibles o pequeñas pausas pueden facilitar la autorregulación.

Contar con una persona de referencia.
Tener un compañero o compañera que pueda explicar ciertas dinámicas internas también puede ser útil, especialmente durante las primeras semanas.

Y hay algo todavía más importante, la confianza. Una persona debería poder decir:

“Este ruido me está dificultando concentrarme” 

“Necesito que me expliques esto de otra manera”.

“No entendí qué esperas exactamente de mí”.

Sin sentir que inmediatamente será vista como complicada, poco comprometida o incapaz de hacer su trabajo. Ese cambio cultural probablemente sea mucho más importante que cualquier ajuste físico.

5. Tener diversidad no significa necesariamente ser inclusivo

Una empresa puede contratar personas diferentes y aun así no ser inclusiva, porque diversidad e inclusión no son exactamente lo mismo. Diversidad es que distintas personas estén dentro de la organización, por otro lado, inclusión es que esas personas puedan participar, crecer, opinar, equivocarse, desarrollarse y sentirse parte del lugar, y ahí muchas empresas todavía tienen una deuda enorme.

Puedes contratar a una persona autista porque necesitas cumplir una cuota o porque quieres mostrar una política de diversidad, pero si después esa persona tiene que ocultar constantemente cómo funciona para poder encajar, probablemente algo está fallando.

Si se ridiculiza su manera de comunicarse, si se interpreta el poco contacto visual como falta de interés, si se considera que alguien es “pesado” simplemente porque habla de manera directa, si todas las actividades de integración giran en torno a espacios ruidosos y socialmente intensos, si pedir un ajuste genera miradas incómodas, entonces la inclusión existe solamente en el papel.

Algunos estudios de percepción organizacional muestran precisamente esa contradicción: las personas suelen valorar positivamente la idea de diversidad, pero su experiencia concreta respecto de la inclusión dentro de las organizaciones puede ser bastante más negativa, y esa diferencia importa, porque contratar a alguien es relativamente fácil, lograr que esa persona quiera quedarse es otra historia.

Entonces, ¿qué hacemos?

Creo que tenemos que dejar de hablar de la inclusión de personas autistas como si fuera un “proyecto especial”, no debería serlo.

Deberíamos avanzar hacia lugares de trabajo capaces de entender que las personas no pensamos, sentimos, aprendemos ni nos comunicamos exactamente de la misma manera y eso no significa bajar las exigencias. Significa revisar cuáles de esas exigencias realmente tienen relación con hacer bien el trabajo y cuáles simplemente existen porque “siempre se ha hecho así”.

¿Es realmente necesario que una persona sea excelente improvisando en una entrevista para demostrar que será buena programando?

¿Necesita mirar constantemente a los ojos para ser considerada una buena profesional?

¿Tiene que participar activamente en todas las actividades sociales para demostrar compromiso?

¿Ser más directo al hablar significa necesariamente tener pocas habilidades sociales?

Probablemente varias de las cosas que históricamente hemos considerado señales de un “buen trabajador” tienen mucho más que ver con normas sociales que con desempeño real y quizás esa sea la pregunta más incómoda que deberían hacerse quienes trabajan en selección de personas:

¿Cuánto talento estamos dejando pasar simplemente porque no se comporta como esperamos?

El talento puede estar ahí, el desafío está en que seamos capaces de verlo.

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miércoles, 29 de julio de 2026

El barco de la "inclusión"

 

El barco de la inclusión

Reflexiones desde la Cuenta Pública del SENADIS 2026

Ps. Constanza Villarroel  ·  Proyecto Habitarse

Ayer tuve la oportunidad de asistir, junto al equipo de Tea and Roots, a la Cuenta Pública Participativa del Servicio Nacional de la Discapacidad (SENADIS). Luego del inicio protocolar, la instancia se transformó en un espacio vivo: trabajamos por mesas, y sobre cada una había una gran infografía con la imagen de un barco navegante. La metáfora no podía ser más precisa. Nos invitaron a pensar, entre todas y todos, cuánto ha avanzado Chile en inclusión, desde distintas áreas; en cultura, educación, trabajo, accesibilidad y cuánto nos falta todavía por remar.

En esas mesas había personas con distintos tipos de discapacidad, con historias y miradas muy diferentes. Y aun así, llegamos a un acuerdo que me quedó resonando: nos falta mucho, demasiado, pero hay algo que ya se está moviendo, al menos entre  quienes queremos promover una verdadera inclusión.

Del modelo médico al modelo social

Lo más valioso de la jornada, para mí, no fue medir cuánto hemos avanzado, sino desde dónde lo estamos mirando. Como país estamos empezando a soltar el modelo médico, ese que ve a la persona con discapacidad como un problema que hay que “arreglar", para remar hacia el modelo social. Este cambio de paradigma, que el sociólogo Mike Oliver (1990) ayudó a instalar, entiende que la discapacidad no vive en el cuerpo, sino en las barreras que levanta una sociedad pensada para unos pocos, los vistos y señalados como "normales".

Lo resumió con claridad la abogada chilena María Soledad Cisternas, referente mundial en derechos de las personas con discapacidad: “Mientras menos barreras existan, menor será el grado de discapacidad” (2021). Es, en el fondo, un modelo de derechos humanos, no de lástima.

Incluir no es integrar

Pero cambiar la mirada no basta si no cambia la práctica. Como plantea la psicóloga María Rosa Lissi (2012), hay que ir más allá de la inclusión: no alcanza con abrir la puerta de la escuela o del trabajo. Incluir de verdad es acompañar y adecuar. Si solo dejamos entrar a las personas con discapacidad a los espacios comunes y listo, en realidad solo estamos integrando. Y la inclusión no es un favor que le hacemos a otra persona: es un derecho.

La salud mental también es social

Como humana neurodivergente y como psicóloga clínica y educacional, hay algo que me ocupa y me preocupa especialmente: la salud mental. No basta con el autocuidado individual si seguimos habitando climas tóxicos. Necesitamos climas nutritivos, de buen trato, donde cuidarnos entre todas y todos sea posible (Arón & Milicic, 2000). El bienestar no se sostiene en soledad.

Por eso, desde Tea and Roots creamos espacios de interacción para fortalecer las competencias socioemocionales de jóvenes y adultos neurodivergentes, mayoritariamente personas autistas; y desde Proyecto Habitarse acompaño emocionalmente esas mismas necesidades en un espacio individual, pero siempre sistémico, sin olvidar el contexto de cada persona que acude a mi consulta. Porque la neurodiversidad no es una falla que corregir (Singer, 1998), y el bienestar se fortalece en comunidad (Montero, 2004).

Seguir remando

Salí de la Cuenta Pública con la certeza de que todavía queda mucho mar por recorrer (y demasiado sobrestimulada por el nivel de bulla y extensión de la primera parte). Pero también con un poquito más de esperanza. Ayer, entre tantas voces distintas, sentí que vamos en la misma dirección. Mi deseo es simple y enorme a la vez: que cada persona pueda construir su propio proyecto de vida, con dignidad y sin pedir permiso.

Nos vemos en el próximo tramo de este viaje. 🌱

Abracitos.

Ps. Constanza Villarroel

Psicóloga · Proyecto Habitarse & Tea and Roots




Referencias útiles

Arón, A. M., & Milicic, N. (2000). Climas sociales tóxicos y climas nutritivos para el desarrollo personal en el contexto escolar. Psykhe, 9(2), 117–124.

Cisternas Reyes, M. S. (2021). Entrevista sobre discapacidad y proceso constituyente. Diario Constitucional.

Lissi, M. R., & Salinas, M. (2012). Educación de niños y jóvenes con discapacidad: Más allá de la inclusión. Ediciones UC.

Montero, M. (2004). Introducción a la psicología comunitaria: Desarrollo, conceptos y procesos. Paidós.

Oliver, M. (1990). The politics of disablement. Macmillan.

Singer, J. (1998). Odd people in: The birth of community amongst people on the autistic spectrum (tesis). Acuñación del concepto de neurodiversidad.

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martes, 5 de mayo de 2026

Más allá de un casco

 

Más allá de un casco

Chile cierra un capítulo de medio siglo en su normativa laboral. El nuevo Decreto 44 deja atrás los reglamentos de 1969 para transitar desde un modelo prescriptivo de "chequeo de casillas" hacia un Sistema de Gestión integral. Esta modernización, que entra en vigencia general el 1 de febrero de 2025, exige una reingeniería de la cultura preventiva nacional.

1. La seguridad laboral ahora tiene perspectiva de género

El reglamento rompe la visión de seguridad "estándar". Según los artículos 2, 3 y 7, la gestión de riesgos debe integrar obligatoriamente un enfoque de género. Esto reconoce que las desigualdades biológicas, sociales y económicas sitúan a las personas en condiciones de vulnerabilidad diferenciada ante un mismo entorno de trabajo.

Este paradigma obliga a una reingeniería de la matriz de riesgos, exigiendo que las medidas preventivas sean efectivas frente a estas realidades diversas. No se trata solo de equidad, sino de precisión técnica en la protección de la vida y la salud de cada trabajador y trabajadora.

2. El nuevo poder de interrupción del trabajador

El Artículo 18 otorga al trabajador una facultad inédita: el derecho a detener la operación. Ante un riesgo grave e inminente, el personal puede interrumpir sus labores y abandonar el lugar si existen "motivos razonables" para creer que su vida está en peligro.

La normativa es tajante: el trabajador no podrá sufrir "perjuicio o menoscabo" alguno derivado de la adopción de estas medidas. Este cambio empodera a la primera línea y obliga a las empresas a mantener protocolos de emergencia impecables.

3. Tu salud mental y dignidad bajo protección legal

Por primera vez, factores conductuales y de entorno reciben el mismo rigor técnico que un riesgo mecánico. El Artículo 2 incorpora la violencia, el acoso sexual y el laboral como factores de riesgo gestionables. Se incluye explícitamente la "violencia externa" proveniente de clientes o proveedores y, críticamente, las amenazas de tales conductas.

Alineado con el Convenio 190 de la OIT, el Decreto 44 trata el daño psicológico como un siniestro laboral evitable. Las empresas deben ahora gestionar la dignidad humana con la misma seriedad con que revisan una máquina eléctrica, reconociendo que el entorno social es una fuente potencial de lesiones graves.

4. Blindaje para trabajadores especialmente sensibles

El Artículo 11 introduce una protección estratégica para las "personas trabajadoras especialmente sensibles". Este grupo incluye a personas con discapacidad física, cognitiva o sensorial (entrando en este grupo personas neurodivergentes con sensibilidades especificas), mujeres embarazadas o en período de lactancia, adolescentes y adultos mayores. La matriz de riesgo debe ser ahora una herramienta personalizada.

La normativa establece una prohibición directa: estas personas no pueden ser empleadas en puestos donde su sensibilidad particular implique un riesgo grave. Este blindaje legal obliga a las organizaciones a conocer profundamente el perfil de su capital humano y adaptar los entornos para garantizar una inclusión segura y real.

"Estas personas trabajadoras no podrán ser empleadas en aquellos puestos de trabajo en los que su especial sensibilidad implique un riesgo grave para la vida o salud de la propia persona trabajadora o de terceros." (Artículo 11).

Hacia una cultura preventiva real

El Decreto 44 no es un simple ajuste burocrático; es la hoja de ruta hacia el "trabajo decente". Prioriza la dignidad humana por sobre la productividad ciega, exigiendo que las empresas chilenas maduren hacia sistemas de gestión de clase mundial.

Como consultor, mi recomendación es clara: audite sus procesos hoy mismo para no enfrentar las consecuencias legales de una cultura obsoleta. La pregunta final para su organización es inevitable:

¿Es tu lugar de trabajo un entorno que realmente protege quién eres, o solo lo que haces?

Te dejo un video con la entrevista realizada en la radio Tu Clave para conocer un poco más de esta temática: https://www.youtube.com/watch?v=8mmYcWl-O_k

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martes, 21 de abril de 2026

Los Origenes De La Neurodivergencia (Parte II)


Continuamos nuestro viaje por la historia de la neurodivergencia. Si no has leído aún la parte I, te invitamos a que lo hagas, para no perderte nada sobre este artículo.

En este segundo tramo hablaremos desde el concepto de "la madre refrigerador", hasta el concepto de masking, pasando por la evolución en los distintos DSM. 


Psicosis Infantil y la Teoría Psicodinámica

A mediados del siglo XX, la dominancia del psicoanálisis en ese momento, transformó el enfoque biológico de Kanner en una narrativa de trauma ambiental. El psicoanalista Bruno Bettelheim, influenciado por su experiencia en campos de concentración, popularizó en los años 60 la teoría de la "madre refrigerador", argumentando que el autismo era una forma de psicosis infantil causada por el rechazo emocional materno. En esta época, el autismo se entendió como una "fortaleza vacía", como si fuera un mecanismo de defensa extremo donde el niño se sentía obligado a retirarse del mundo que percibía como hostil y amenazante.

Este concepto, tuvo consecuencias devastadoras para los autistas y sus familias, como también para el avance de la ciencia. Al tratar el autismo como una psicosis reactiva, el objetivo terapéutico era "curar" al niño mediante la separación de sus padres y largas terapias analíticas destinadas a reconstruir el yo.

Fue necesario que surgieran voces críticas, tanto desde la ciencia como desde los mismos padres, para desafiar el dogma predominante de esta época. El psicólogo Bernard Rimland, en 1964, fue uno de los primeros en rebatir la teoría de la madre refrigerador, insistiendo en que el autismo era un trastorno biológico del desarrollo neurológico, no una enfermedad mental causada por el entorno familiar.


La Evolución de los Manuales Diagnósticos desde el 1 al 5.

Esta transición desde la "psicosis infantil" a los "trastornos del neurodesarrollo" se refleja con precisión en la evolución del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM). Esta trayectoria es fundamental para entender cómo el concepto de espectro terminó por imponerse sobre las categorías predominantes en ese momento.


Versiones del Manual y sus cambios con respecto al autismo:

  • DSM-I, publicado en 1952, lo cataloga Reacción esquizofrénica, tipo infantil. El autismo se considera un síntoma de la esquizofrenia previo la pubertad.
  • DSM-II, publicado en1968, lo cataloga como Esquizofrenia, tipo infantil. Persiste el vínculo con la psicosis; se añade la posibilidad de retraso mental asociado.
  • DSM-III, publicado en 1980, cataloga el Autismo Infantil dentro de los TGD (Trastornos Generales del Desarrollo). Se reconoce como entidad independiente de la esquizofrenia, con  inicio antes de los 30 meses.
  • DSM-III-R, publicado en 1987, cataloga al Trastorno Autista. El diagnóstico se vuelve más conductual y descriptivo. Se elimina el requisito de inicio temprano.
  • DSM-IV, publicado en 1994, lo cataloga como parte de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD) e introduce el Síndrome de Asperger y el TGD No Especificado.
  • DSM-5, publicado en 2013, lo cataloga como Trastorno del Espectro Autista (TEA). Donde hay una unificación de subtipos en un espectro único basado en niveles de apoyo necesarios.

El DSM-III (1980) marcó un antes y un después al extraer al autismo del paraguas de la psicosis y situarlo dentro de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD). Este cambio reconoció que el autismo no era una distorsión de la personalidad, sino un curso de desarrollo fundamentalmente distinto desde el inicio de la vida. Finalmente, el paso al DSM-5 en 2013 eliminó las fronteras artificiales entre el autismo de Kanner y el de Asperger, reconociendo que todos forman parte de un mismo espectro dimensional con diferentes niveles de necesidad de apoyo y perfiles de lenguaje e inteligencia. Lo que elimina al Síndrome de Asperger dentro de las categorías diagnósticas.


El Nacimiento de la Neurodiversidad:

Mientras la psiquiatría refinaba sus criterios, a finales de la década de 1990 surgió un movimiento que cuestionaría la base misma del modelo médico. La llamada "neurodiversidad". Este concepto no nació en un laboratorio, ni desde el mundo clínico, sino en las comunidades virtuales de personas autistas que, gracias a la llegada de Internet, pudieron conectar y compartir sus experiencias por primera vez sin la intermediación de terapeutas o familiares. Siendo un concepto usado actualmente, con un origen socio virtual bastante claro.

El término se atribuye habitualmente a la socióloga australiana Judy Singer, quien en su tesis de 1998 propuso que "las personas neurológicamente diferentes, representan una nueva adición a las categorías políticas de clase, género y raza". Singer, que también es autista, argumentó que las diferencias cerebrales debían verse como una variación natural de la especie humana, similar a la biodiversidad en un ecosistema. De manera simultánea, el periodista Harvey Blume popularizó el concepto en un artículo de la revista The Atlantic (1998), donde sugirió que la cultura de la cibernética y la computación podrían favorecer una mentalidad autista, planteando que la neurodiversidad era esencial para la resiliencia y estabilidad cultural de la humanidad.

Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que el concepto en realidad fue una creación colectiva. Mucho antes de las publicaciones académicas, ya se discutía sobre la "diversidad neurológica". Personas como Jim Sinclair (Activista por el Autismo), habían sentado las bases años antes con textos de gran relevancia como "Don't Mourn for Us" (No sufran por nosotros, 1993), donde instaba a los padres a dejar de buscar una cura y empezar a aceptar la neurología de sus hijos como una identidad válida.


Neurodiversidad  vs Neurodivergencia:

Uno de los mayores obstáculos existentes a día de hoy para una correcta comprensión del tema, es el uso indistinto de términos que tienen significados técnicos divergentes. Autores como el profesor en Psicología, Nick Walker han sido fundamentales para establecer una regla clara que permita el avance del paradigma sin caer en concepciones que desvirtúen su el futuro de la investigación, activismo y política neurodivergente.

A grandes rasgos, a día de hoy, se consideran dos términos definidos a continuación:

Neurodiversidad (El Hecho Biológico): La neurodiversidad no es una perspectiva, ni un movimiento, ni una creencia. Es un hecho biológico. Se refiere a la diversidad infinita de las mentes humanas y al funcionamiento neurocognitivo dentro de nuestra especie. Técnicamente, no existen "personas neurodiversas", del mismo modo que no existen "personas biodiversas". La neurodiversidad es una característica de un grupo, de un colectivo o de la especie en su totalidad. No de una sola persona.  Por ejemplo, una sala de clases donde hay personas autistas, con TDAH y personas neurotípicas es una comunidad neurodiversa.

Neurodivergencia (La Condición Individual): La neurodivergencia en cambio, es el término correcto para referirse a un individuo cuyo cerebro funciona de una manera que diverge significativamente de los estándares dominantes de lo que se considera " estadísticamente común". (No confundir con correcto). Una persona puede identificarse como neurodivergente si posee una condición como autismo, TDAH, dislexia, síndrome de Tourette, o incluso, debido a los estudios mas recientes que hablan del carácter neurobiológico  de algunas condiciones de salud mental, se incorpora en algunas partes,  el trastorno bipolar o el TOC.

La neurodivergencia además se divide en dos grandes categorías según su origen:

  • Neurodivergencia Innata: Son condiciones con las que se nace, como el autismo o la dislexia, que son intrínsecas a la personalidad y la forma de procesar el mundo.
  • Neurodivergencia Adquirida: Son diferencias neurológicas producidas por la experiencia, como un traumatismo craneoencefálico, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) o el impacto de prácticas que alteran el funcionamiento cerebral de forma duradera. Este grupo, si bien son parte de las Neurodivergencias. Socialmente no se les suele incluir dentro del paraguas de la Neurodivergencia.
Eso nos lleva al siguiente tema:

El Paradigma de la Neurodiversidad frente al Paradigma de la Patología

Nick Walker define el "Paradigma de la Neurodiversidad" como una perspectiva que ve la diversidad neurocognitiva como una forma natural de diversidad humana que aporta valor a la sociedad. Este paradigma se opone frontalmente al "Paradigma de la Patología", que asume que existe un cerebro "normal" y que cualquier desviación es un defecto que debe ser corregido.

Este choque de visiones se manifiesta en la forma en que entendemos la discapacidad. Mientras el modelo médico-patológico sitúa la discapacidad en el individuo y sus "déficits", el modelo social-neurodiverso la sitúa en la interacción entre la persona y un entorno que no es accesible ni inclusivo. Por ejemplo, para un niño autista con hipersensibilidad auditiva, la discapacidad no es el autismo en sí, sino una escuela que no ofrece espacios de calma sonora. Este debate se mantiene a día de hoy con diversas posturas, desde el área científica, política, social y dentro de comunidades neurodivergentes, manteniendo incluso ideas opuestas con respecto al término de discapacidad.


Masking y el Doble Problema de la Empatía:

Muchas personas neurodivergentes, especialmente mujeres y personas con altas capacidades cognitivas (AACC), pasan años "actuando como neurotípicas" para evitar el estigma y la marginación social. Sin embargo, este esfuerzo cognitivo constante tiene un precio muy alto: Se desarrolla una variedad de alteraciones como trastornos ansiosos, depresión, pérdida de identidad y burnout autista.

Relacionado con esto se encuentra el concepto de "Doble Problema de la Empatía", propuesto por el Sociólogo especializado en Autismo, Damian Milton. Este concepto desafía la noción de que los autistas tienen un déficit de empatía. Milton argumenta que la dificultad de comunicación es bidireccional: a los neurotípicos les resulta tan difícil entender la mente de un autista como a este entender la de un neurotípico. La comunicación fluye eficazmente entre personas con el mismo neurotipo, pero se rompe cuando los estilos de procesamiento son distintos.


¿En qué está la ciencia actualmente?:

La ciencia contemporánea está empezando a validar los aspectos de la biología neurodivergente a través de herramientas avanzadas como las neuroimagen y la conectómica. Que se ha utilizado por ejemplo para identificar subtipos biológicos dentro de condiciones como el TDAH o el autismo. Por ejemplo, estudios con más de 123,000 escaneos de resonancia magnética han identificado que no existe un cerebro autista estándar, sino en realidad, existen múltiples trayectorias de crecimiento cerebral y cortical, que requieren apoyos personalizados y únicos.

Este nuevo enfoque también ha traído consigo una necesaria revisión ética de las cada vez menos populares practicas ABA (Análisis Conductual Aplicado). Estas intervenciones están siendo cuestionadas por su énfasis en la normalización externa, con un enfoque capacitista a costa de la salud mental interna del individuo. En su lugar, está surgiendo una corriente de profesionales de la salud, con un enfoque neuroafirmativo, que se están enfocando y especializando en el área de la neurodivergencia.


Conclusiones:

La génesis del concepto de neurodivergencia no es solo un cambio en los manuales del DSM. Es una reconfiguración de nuestra noción del término. Hemos pasado de ver a los niños autistas como personas "rotas" o "psicóticas" que debían ser reparadas, a través de tratamientos e intervenciones que a día de hoy se considerarían inmorales y poco éticas. Ya que el neurodivergente en resumen, tiene una configuración neuronal distinta que enriquece la diversidad de nuestra especie.

Comprender que la neurodiversidad es el conjunto y la neurodivergencia es la diferencia individual permite a las personas situarse en un lugar de mayor respeto y entendimiento. Ser autista o neurodivergente no es padecer una enfermedad, sino pertenecer a una forma de ser distinta, con una forma de ver la cultura y la sociedad de una manera distinta, con sus propios códigos, ritmos y formas de afecto. El reto del siglo XXI no es curar el cerebro divergente, sino curar a la sociedad de su rigidez capacitista, para que todas las mentes puedan encontrar un lugar donde no solo sobrevivan, sino donde prosperen.


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jueves, 16 de abril de 2026

Chile no le teme a envejecer, le teme a verse viejo

 



Por Javiera Sarmiento | Psicología clínica infantil y de adultos

Chile envejece a ritmo acelerado, pero su cultura sigue más preocupada por cómo lucirá la vejez que por entender lo que realmente le ocurre al cuerpo por dentro. Esa ignorancia tiene consecuencias clínicas concretas y silenciosas.

Hay términos que cualquier persona de entre 30 y 50 años maneja hoy con relativa soltura: retinol, ácido hialurónico, vitamina C sérica, péptidos de cobre, factor de crecimiento epidérmico. La industria cosmética ha hecho un trabajo formidable enseñándonos el lenguaje molecular de la piel que envejece. Sabemos que el retinol estimula la renovación celular. Sabemos que el ácido hialurónico retiene agua en los tejidos. Sabemos que a partir de cierta edad la producción de colágeno disminuye y que hay que compensarla con algo como cremas, suplementos o procedimientos.

Pero pregúntele a esa misma persona qué es la sarcopenia. Qué ocurre con la densidad mineral ósea después de los 50. Cómo cambia el sistema nervioso central con el paso de los años. Qué significa que los niveles de dopamina, serotonina y noradrenalina disminuyan progresivamente en el cerebro envejecido. Y pregúntele cuándo la pérdida de memoria que uno nota es normal y cuándo es una señal que merece atención. La respuesta, en la mayoría de los casos, será un silencio.

Esta asimetría (saber mucho sobre cómo se ve la vejez desde afuera, y casi nada sobre lo que ocurre biológicamente por dentro), no es un detalle trivial. Es una falla cultural con consecuencias clínicas reales. Y en un país que, según el Censo 2024, ya tiene el 14% de su población sobre 65 años y será el más envejecido de Latinoamérica para 2050, esa falla se vuelve urgente.


La biología que nadie nos explica

El envejecimiento es un proceso universal, gradual e individual que transforma el cuerpo desde adentro con una profundidad que ninguna crema puede igualar ni, por cierto, detener. Pero a diferencia de la pubertad (que se explica en el colegio, que se habla en casa, que tiene un nombre en la cultura popular), los cambios biológicos de la vejez siguen siendo en gran medida un territorio sin mapa para la mayoría de las personas.

Tomemos el músculo. A partir de los 30 años, el cuerpo humano comienza a perder masa muscular de forma progresiva. A los 50, esa pérdida se acelera. El fenómeno tiene nombre clínico: sarcopenia. No es una enfermedad en el sentido tradicional, sino un proceso asociado al envejecimiento que afecta la movilidad, el equilibrio, el metabolismo de la glucosa, la capacidad de recuperarse ante una caída o una hospitalización. La sarcopenia no duele. No produce síntomas evidentes en sus etapas tempranas. Simplemente ocurre, en silencio, mientras la persona invierte en cremas reafirmantes que actúan sobre la superficie de la piel.

Lo mismo ocurre con los huesos. La densidad ósea disminuye con la edad, de manera especialmente pronunciada en mujeres después de la menopausia debido a la caída en los niveles de estrógenos. El resultado es la osteoporosis: huesos que se vuelven porosos, frágiles, propensos a fracturarse ante caídas que en una persona joven no tendrían consecuencias. En Chile, la fractura de cadera en adultos mayores es una de las principales causas de hospitalización, pérdida de independencia y mortalidad. Una fractura de cadera, en muchos casos, marca el inicio del declive funcional definitivo. Y sin embargo, muy pocas personas saben cuándo debería hacerse una densitometría ósea, ni qué relación tiene el consumo de calcio y vitamina D a los 40 años con la resistencia del hueso a los 75 años.


El cerebro envejece:  Qué cambia y que no

El cerebro también envejece, y hacerlo de forma informada respecto a ese proceso marca una diferencia enorme en la calidad de vida. Durante el envejecimiento fisiológico, el cerebro experimenta una reducción progresiva de ciertos neurotransmisores (dopamina, serotonina, noradrenalina), que influyen en el estado de ánimo, la velocidad de procesamiento, la memoria de trabajo y la coordinación motora. Esto no significa que toda persona mayor vaya a desarrollar una demencia: la mayoría no lo hará. Pero sí significa que hay cambios cognitivos que son normales y esperables, y el saber distinguirlos es la mejor forma de prepararse.

Lo que la neurociencia ha confirmado en los últimos años es tanto tranquilizador como exigente. Hay formas de inteligencia que no solo no disminuyen con la edad, sino que mejoran: la llamada inteligencia cristalizada (la capacidad de integrar conocimiento acumulado, de reconocer patrones, de comprender contextos complejos), se mantiene activa e incluso se enriquece hasta muy tarde en la vida. Por otro lado, lo que sí declina es la velocidad de procesamiento y la llamada inteligencia fluida, relacionada con resolver problemas nuevos de manera rápida. Conocer esa diferencia permite entender que una persona mayor que responde más lento no es necesariamente alguien con deterioro patológico: puede ser alguien cuyo cerebro ha cambiado de ritmo, no de capacidad.

Pero también es cierto que en Chile alrededor de 180.000 personas viven hoy con alguna forma de demencia, cifra que se proyecta en 626.000 para 2050. Y que el 40% de esos casos podría prevenirse o retrasarse modificando factores de riesgo abordables desde antes de los 60: la inactividad física, el aislamiento social, la hipertensión no controlada, la depresión no tratada, la estimulación cognitiva insuficiente. Son factores que se pueden intervenir. Pero solo si se conocen. Y para conocerlos, hace falta que alguien los enseñe.


La industria cosmética nos enseñó lo interesante:

No es casualidad que sepamos más de retinol que de sarcopenia. La industria cosmética tiene algo que la salud pública no tiene: presupuesto de marketing, acceso masivo a redes sociales, y un modelo de negocio que requiere crear deseo y urgencia. El miedo a las arrugas es rentable. El miedo a caerse a los 80 por falta de masa muscular, no.

El resultado es una cultura que ha invertido en lo que considera prioridades: se gastan recursos considerables en ralentizar lo que se ve, y casi ninguno en preparar lo que importa.

No estoy argumentando en contra del cuidado de la piel ni de querer sentirse bien con el propio cuerpo a cualquier edad. Eso es legítimo y tiene su lugar. Lo que argumento es que ese cuidado externo, cuando existe una ausencia total de educación sobre los procesos internos del envejecimiento, produce una ilusión de control que puede resultar cara. La persona que se hidrata todos los días pero no hace ejercicio, no duerme bien, no gestiona de manera correcta su estrés y no mantiene vida social activa, está cuidando la fachada de un edificio cuya estructura se deteriora sin atención.


Lo que nos hace falta: Educar a la población, para tener un correcto envejecimiento

Como psicóloga clínica, trabajo frecuentemente con personas que llegan a la consulta en la adultez media o tardía con una sensación difusa de que algo en su cuerpo o en su mente ha cambiado, pero sin herramientas para nombrarlo ni para entender qué es esperable y qué no. El olvido que apareció a los 58. El cansancio que ya no se recupera igual. La tristeza que se instaló después de la jubilación. El miedo a la dependencia futura. En muchos casos, lo que falta no es solo tratamiento: es información. Contexto. Un mapa básico de lo que el envejecimiento implica biológica, cognitiva y emocionalmente.

Eso no se enseña en el colegio. No se habla sistemáticamente en los controles de salud hasta que hay un problema. No está en los medios salvo cuando se trata de un caso extremo o de un producto a vender. Y la brecha que deja esa ausencia no es solo individual: es colectiva. Chile está envejeciendo sin que su población sepa cómo envejecer.

Por ejemplo, algunas cosas básicas que toda persona adulta debería conocer antes de los 50, son las siguientes: que la masa muscular se puede preservar y trabajar en cualquier etapa con ejercicio de fuerza regular; que la salud ósea depende de hábitos que se construyen décadas antes de que aparezca la osteoporosis; que el sueño reparador no es un lujo sino un proceso activo de limpieza cerebral cuya importancia aumenta con la edad; que la vida social sostenida no es recreación sino un factor protector cognitivo con evidencia científica sólida; y que la diferencia entre un olvido normal y uno que merece evaluación tiene características específicas que se pueden aprender.

La vejez no comienza a los 65. Comienza, en términos biológicos, mucho antes. Y la pregunta que Chile debería hacerse (como sociedad, como sistema de salud, como cultura), no es solo cómo vamos a cuidar a los adultos mayores cuando lleguen. Es cuánto estamos dispuestos a invertir en que la gente llegue a esa etapa habiendo aprendido algo sobre su propio cuerpo. Algo que ninguna crema, por más activos que contenga, puede reemplazar.



Sobre la autora

Javiera Sarmiento Jara es psicóloga clínica titulada de la Universidad Católica Silva Henríquez, con más de cuatro años de experiencia en atención clínica individual y grupal en entornos públicos y privados. Actualmente se desempeña como psicóloga en el Servicio de Psiquiatría de Adultos del Hospital Clínico Metropolitano El Carmen. En 2026 inicia el Magíster en Rehabilitación Neuropsicológica del Adulto y Personas Mayores en la Universidad Diego Portales.

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domingo, 12 de abril de 2026

Conoce los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP)

 


Más allá del consuelo, Primeros Auxilios Psicológicos (PAP)

 

1.       El impacto invisible del 70%

Para la mayoría de las personas, el mundo se siente como un lugar previsible y relativamente seguro. Sin embargo, un evento traumático tiene el poder de fracturar esa ilusión en un instante, produciendo lo que en psicología llaman el "quiebre del sentido de seguridad". El trauma no es una excepción estadística; es una realidad que atraviesa el tejido social: los datos globales indican que más del 70% de la población mundial experimentará al menos un evento traumático a lo largo de su vida.

Desde un accidente de tránsito hasta el duelo por una muerte repentina, estas experiencias no solo dejan cicatrices invisibles. El impacto en la salud pública es devastador: la exposición al trauma aumenta entre un 50% y un 200% el riesgo de desarrollar enfermedades físicas crónicas, con vínculos probados hacia la enfermedad coronaria, la hipertensión y la artritis. Además, el trauma es un motor de exclusión, elevando drásticamente el riesgo de desempleo, deserción escolar y crisis familiares. Ante esta emergencia silenciosa, los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) se han consolidado como la herramienta de intervención inmediata recomendada por la OMS para detener este efecto dominó.

 

2.       El Protocolo ABCDE

Existe la creencia errónea de que ayudar a alguien en crisis consiste en forzarlo a "desahogarse" o analizar sus sentimientos. En realidad, los PAP se alejan de la psicoterapia tradicional para centrarse en un apoyo social y pragmático. En Chile, la Escuela de Medicina UC y la Achs han operacionalizado este modelo a través del Protocolo ABCDE, una guía técnica, herramienta probada para funcionar en el "mundo real": en la camilla de una urgencia ruidosa, en un albergue tras un desastre o en la calle, respetando siempre la autonomía del afectado.

Sus componentes se dividen en cinco pasos esenciales:

A (Escucha Activa): Brindar una presencia empática que permita a la persona comunicarse si lo desea, sin presiones.

B (Reentrenamiento de la Ventilación): Enseñar técnicas de respiración que actúan como un "freno" fisiológico, ayudando a recuperar la calma orgánica.

C (Categorización de necesidades): Ayudar a la mente abrumada a jerarquizar problemas urgentes (comida, trámites, contacto).

D (Derivación a redes de apoyo): Conectar al individuo con su familia o servicios de asistencia.

E (Psicoeducación): Entregar información clara sobre qué reacciones son normales y cuáles son señales de alerta.

 

3.       El impacto real en el "día después"

La efectividad de los PAP no es solo una sensación subjetiva de alivio; se mide en su capacidad para prevenir conductas que arruinan vidas meses después del evento. Un ensayo clínico realizado en Chile en 2017 analizó cómo los PAP reducen las conductas desadaptativas a los tres meses de seguimiento.

Para dimensionar su éxito, los científicos utilizan el “Número Necesario a Tratar (NNT)”, que indica cuántas personas deben recibir la ayuda para evitar un desenlace negativo.

Los resultados son contundentes:

  • Reducción del consumo de alcohol y sustancias (NNT = 3.0): Al reducir la angustia inicial, se evita que el paciente intente "automedicarse" con sustancias que, lejos de ayudar, entorpecen la adaptación natural al trauma.
  • Disminución de conflictos interpersonales (NNT = 3.5): La intervención modera la hiperexcitabilidad, evitando que el estrés se traduzca en estallidos de ira que dañen los vínculos familiares.
  • Menor uso de licencias médicas (NNT = 5.9): Una recuperación más rápida de la funcionalidad permite al individuo retomar su vida laboral y diaria de forma saludable.

 

4.       La democratización de la ayuda, todos pueden ayudar

Una de las mayores virtudes de los PAP es que no son propiedad exclusiva de los especialistas. De hecho, su mayor valor reside en ser aplicados por primeros respondedores (policía, bomberos) e incluso por la comunidad. Como define la Organización Mundial de la Salud: "Los Primeros Auxilios Psicológicos son una respuesta humana de apoyo a otro ser humano que está sufriendo y que podría necesitar ayuda".

Esta visión permite que instituciones como SENAPRED integren estos principios en la cultura de prevención ciudadana. El "Plan Familia Preparada", por ejemplo, utiliza la lógica de los PAP en sus 8 pasos, enseñando a los grupos familiares a identificar amenazas y definir zonas de seguridad. Preparar a las familias para actuar con calma y estructura ante un sismo o incendio es, en esencia, aplicar PAP a nivel comunitario, transformando a los ciudadanos en los primeros guardianes de la salud mental de su entorno.

 

5.       Menos es más: Por qué evitar el "Debriefing" tradicional

Durante años se aplicó el debriefing o investigación, una técnica que obligaba a las víctimas a relatar el trauma en detalle poco después del evento. Hoy sabemos que esto puede ser contraproducente al favorecer la "sobreconsolidación de recuerdos traumáticos". Forzar el relato re-traumatiza el cerebro porque refuerza la memoria mientras el cuerpo sigue en un estado de alarma o alerta.

Los PAP revolucionan este enfoque al centrarse en la calma y la seguridad básica. Los datos clínicos indican que esta intervención reduce en 7.7 puntos los síntomas de estrés postraumático en las escalas de seguimiento en comparación con solo entregar folletos informativos.

 

6.       Una red de seguridad que ya existe en Chile

En nuestro país, el acceso a esta contención inicial se ha democratizado a través de diversas líneas de apoyo gratuitas que operan bajo estos principios de ayuda humana y profesional:

  • Salud Responde (600 360 7777): Orientación profesional con psicólogos especializados en crisis.
  • Fono Drogas y Alcohol (1412): Ayuda confidencial y anónima las 24 horas.
  • Fono Orientación Violencia contra las mujeres (1455): Apoyo gratuito de especialistas; se puede llamar incluso sin saldo en el celular.
  • Psicólogos Voluntarios de Chile: Contención emocional y PAP gratuitos. Contacto al +569 75592366 (de 10:00 a 19:00 horas) o en psicologosvoluntarios.cl.
  • Fundación Todo Mejora: Especializados en apoyo a jóvenes LGBT+ frente al bullying o riesgo suicida.

 

7.       Hacia una cultura de la resiliencia

Como profesionales de la salud mental y física, entendemos que la resiliencia no es un rasgo individual, sino un proceso que se construye colectivamente. Los Primeros Auxilios Psicológicos representan una vía económica, humana y científicamente respaldada para mitigar el impacto del trauma en la salud de las personas. No se trata solo de evitar el trastorno psiquiátrico, sino de ofrecer una mano firme que impida que el dolor de hoy se convierta en la enfermedad del mañana.


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lunes, 6 de abril de 2026

El diagnóstico no es un destino


El diagnóstico no es un destino.

Por Javiera Sarmiento Jara | Psicóloga clínica infantil y de adultos.



 Tengo una frase que repito con frecuencia en mi consulta y que, con los años, se ha transformado en una especie de norte para mi práctica: el diagnóstico no es un pronóstico. La digo porque creo en ella. Y la digo también porque es justamente lo que muchas familias necesitan escuchar, y que pocos profesionales se atreven a decirles con claridad.


Cuando una familia recibe un diagnóstico para su hijo —TDAH, TEA/CEA, trastorno de ansiedad, dificultades del aprendizaje— algo se transforma en ese cuarto. Lo que debería ser el punto de partida de un proceso de comprensión y apoyo se convierte, demasiadas veces, en una condena. Una etiqueta clínica que funciona -para muchas familias- como punto final en lugar de como apertura.


Eso, en mi opinión, es un error. Y la evidencia científica actual nos da razones sólidas para decirlo sin rodeos.



Un cerebro en transformación permanente


La plasticidad cerebral —la capacidad del sistema nervioso para reorganizarse y construir nuevas conexiones en respuesta a la experiencia— no es una metáfora motivacional. Es neurobiología. Y durante la infancia, esa capacidad es especialmente potente. Los circuitos que procesan el mundo exterior se desarrollan con una intensidad que no volverá a repetirse en ninguna otra etapa de la vida, lo que explica por qué los primeros años son tan determinantes para el aprendizaje.


En términos prácticos, esto significa que el cerebro de un niño de seis años no es el mismo que tendrá a los doce. El terreno sobre el que descansa cualquier diagnóstico está en movimiento constante. El perfil cognitivo de un niño refleja sus fortalezas y dificultades en un momento específico. Es una fotografía, no la película completa. La adolescencia tampoco es la excepción. Estudios de neuroimagen han mostrado que las regiones vinculadas a funciones como la memoria y la resolución de problemas siguen desarrollándose activamente bien entrada la adolescencia temprana, entre los diez y los catorce años.



El diagnóstico como imagen momentánea


La literatura clínica más reciente ha comenzado a plantear algo que me parece fundamentalmente honesto: un diagnóstico es una imagen del neurodesarrollo de un niño en un punto determinado, no una verdad inamovible. Describe una distancia respecto a lo esperado para su edad, en ese momento. Nada más, nada menos.


Esto tiene consecuencias directas. Un diagnóstico puede —y debe— revisarse con el tiempo. Pero muchas familias nunca reciben esa información de manera explícita. Se les entrega un informe, se les explica qué tiene su hijo hoy, y rara vez se les dice que ese cuadro puede evolucionar, que la evaluación deberá actualizarse, y que lo que describe al niño ahora no necesariamente lo definirá en el futuro.


La pregunta que debería guiar nuestro trabajo no es "¿qué tiene este niño?" sino mas bien: ¿cuáles son sus fortalezas y dificultades reales, y cómo podemos acompañarlo para que desarrolle su mejor trayectoria posible?



El argumento que más me preocupa


Existe en nuestra disciplina una resistencia tácita a hablar de cambio con los padres. La lógica, pocas veces enunciada en voz alta, es que si se les ofrece esperanza, perderán urgencia. Que si saben que el diagnóstico puede cambiar, actuarán con menos consistencia.


Encuentro ese argumento profundamente paternalista. Y además, débil desde el punto de vista de la evidencia.


La intervención temprana existe precisamente para aprovechar la plasticidad cerebral de los primeros años. Cuando es oportuna, sostenida e intensa, produce avances reales en áreas como el lenguaje, la socialización, el autocontrol o la coordinación. La esperanza bien fundamentada no es el enemigo de la acción terapéutica. Es su motor. Los padres que comprenden que el cerebro de su hijo es moldeable, y que el trabajo que hacen tiene un efecto concreto sobre ese desarrollo, son padres más comprometidos y más capaces de sostener el proceso a lo largo del tiempo.



Lo que las familias merecen escuchar


Un diagnóstico oportuno no condena a un niño. Le abre puertas: permite intervenir a tiempo y construir las condiciones para que despliegue su potencial. Esa es la narrativa que tendríamos que instalar en las consultas, un apoyo enfocado en cada persona, como un mundo, y no un discurso capacitista y correctivo, ni tampoco la del niño atrapado en una categoría diagnóstica, sino la del niño que, con los apoyos adecuados, puede recorrer una trayectoria que hoy no es posible predecir con certeza.


Evaluar no debería servir para clasificar de forma rígida. Debería servir para orientar a los adultos que rodean a ese niño, para que puedan ofrecerle la estimulación más adecuada a quien es y a lo que necesita.


Las familias que llegan a mi consulta con un diagnóstico reciente entre las manos merecen salir con dos cosas: claridad sobre lo que su hijo necesita hoy, y la comprensión honesta de que ese diagnóstico es el inicio de una conversación, no el cierre de una historia. Merecen saber que el cerebro de su hijo trabaja sin descanso, que el desarrollo no se detiene, y que cada intervención bien orientada tiene peso real.


La esperanza, cuando está bien fundada y bien explicada, no es un consuelo emocional. En salud mental infantil, es parte del tratamiento.


Las opiniones expresadas en esta columna representan la perspectiva clínica de la autora y se basan en literatura científica vigente sobre neurodesarrollo infantil.


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